"No sé si has notado que las personas tenemos un papel muy claro, a no ser que lo rompamos: pasamos la mayor parte de la vida señalando hacia afuera para "arreglar" nuestros problemas. Incluso para culpar a otros de lo que sucede en nuestra vida.
El ho'oponopono viene a enseñarnos algo muy distinto. Y si llegaste hasta acá buscando qué es y cómo se practica, quedate — porque no te voy a dar solo la definición de diccionario. Te voy a contar cómo lo vivo yo."
¿Qué es el ho'oponopono?
El ho'oponopono es una práctica hawaiana ancestral de reconciliación y perdón. La palabra se traduce como "corregir un error" o "poner las cosas en orden".
Tradicionalmente no era algo que se hacía en soledad: era un ritual comunitario, dirigido por un kahuna —un sanador hawaiano— donde una familia se reunía para resolver conflictos y restaurar la armonía. La versión que hoy conocemos en Occidente, la de repetir cuatro frases mirándote a vos, es una adaptación más moderna: la simplificó Morrnah Nalamaku Simeona en los años setenta, y luego se popularizó por todo el mundo.
Bajo mi mirada, es una herramienta que busca dos cosas: la primera, limpiar el pensamiento; la segunda, que vuelvas a vivir en el presente.
Cómo llegó a mi vida (y por qué el momento importa)
En mi caso no podría decirte cuándo fue la primera vez que escuché de ella. Pero sí sé que reapareció en mi vida en el momento adecuado.
Y esto me parece importante: la sabiduría llega cuando estás listo, lista, para recibirla. Cuando no es tu momento, no lo es, y punto. Si estás acá leyendo esto, quizás sea tu momento de mirar un poco más de cerca esta herramienta tan hermosa.
Por qué el ho'oponopono empieza por vos (y no por los demás)
Cuando te das cuenta de que arreglar a los otros no funciona, el ho'oponopono entra en acción. Porque pasamos muchísimo tiempo de nuestra vida ocupando nuestros pensamientos en los demás.
El ho'oponopono te invita a mirarte a vos. A empezar por vos, con amor y compasión. A mirar todas las experiencias que suceden en tu vida desde ese lugar. Porque cuando cambiás la interpretación que le das a tu realidad, te permitís mirar con otra perspectiva: a las cosas, a las personas y a las situaciones.
Esto no significa culparte de todo. Significa algo mucho más liberador: que tenés el poder de transformarlo, porque el punto de partida está en vos y no en que el otro cambie.
Lo que el ho'oponopono NO es
Quiero ser honesta con vos, porque hay mucha promesa exagerada dando vueltas, así que aquí va:
→ No es una técnica que arregla tu vida de la noche a la mañana.
→ No es algo que hacés por otras personas. Y te soy sincera: nada lo hacemos nunca por otros, sino por nosotras, nosotros mismos.
→ No te pide creer en nada. Solo estar en el presente.
Cuando empezás, puede que notes que todo en tu vida se pone un poco más extraño. A algunas personas les pasa, a otras no. Pero lo que sí trae es paz en el presente, y un punto de inicio para cambiar tu forma de mirar. Y con eso ya es suficiente.
Las 4 frases del ho'oponopono
Acá está el corazón de la práctica. Es una de las frases más conocidas, y a la vez —cuando la comprendés en su totalidad— una de las más poderosas:
"Lo siento. Perdón. Gracias. Te amo."
No son magia. Son una forma de bajar la guardia interna y soltar la lucha.
Las repetís despacio, dirigidas a eso que te pesa o a vos, y notás lo que aparece.
Una práctica corta para empezar hoy
Si querés probarlo ahora mismo:
- Poné una mano en el pecho y hacé dos respiraciones para llegar.
- Traé a la mente esa situación o persona que te pesa. Sin forzar, sin revivir el detalle — solo nombrala.
- Notá dónde la sentís en el cuerpo.
- Repetí despacio, tres rondas: lo siento… perdón… gracias… te amo.
- Cerrá con una respiración larga y soltá los hombros.
No tenés que sentir que ya lo resolviste. Solo notá si algo aflojó, aunque sea un poco.
El ho'oponopono como forma de vivir
Al final, el ho'oponopono es más que una técnica: es una forma de vivir. Es mirar la vida desde los pequeños momentos, desde los agradecimientos, desde la vida misma floreciendo y moviéndose en perfecta armonía.
No es la pomada canaria —no lo arregla todo—. Pero sí es una salida que te trae paz, de a poco, como si te colocaras otras gafas para mirar. Unas gafas llenas de amor.
Si sentís que hay algo que te pesa y no sabés por dónde empezar, quizás tu primer paso no es resolverlo, sino hacer una pausa y escucharte.
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